La autora nos invita a descubrir, a conocer, a sentirse identificado, tomar conciencia y relativizar sus realidades a través del recorrido de sus diferentes relatos, anécdotas de viajes, reflexiones profundas de la vida, mensajes saludables y motivacionales.
La felicidad y el bienestar parten de adentro hacia afuera, de nuestro estado “interior”, de lo que trabajemos con nosotros mismos y nuestro “ser” y no de lo que provenga del “exterior” y tenga relación con el “tener, poseer y acumular”. En tiempos donde las personas corren agitadamente, se estresan, compiten, enferman y son arrasadas por la sociedad de consumo, la obra pretende mostrar lo importante que es tomarse los tiempos necesarios para hacer pausas, para respirar, relajarse y disfrutar de las simples cosas y momentos de la vida.
Para enamorarte a leer poesías, aquellas que había olvidado que existían.
Las guardadas en un cajón donde los años hicieron que las hojas aparecieran sin color.
Tomate un breve tiempo, no te va a llevar mucho, imprégnate con la tristeza, el amor la angustia, actitudes que nos pasan a diario.
Además hay tres cuentos, para que en este libro encuentres variedad y diferentes estilos.
Te invito a que lo leas y puedas compartir tus opiniones.
Cualquier intento de acercamiento a la existencia humana debe ser abordado considerando todos los cuatro componentes: biología, psiquis, espiritualidad y realidad social. Es lo que debe proponerse todo individuo que intente conocerse y superarse.
Esto es lo que permitirá que los anhelos personales y la realidad cotidiana encuentren un punto de equilibrio.
Para ello se proponen dos experiencias: vivir lo que se busca y creer lo que se viva.
Vivir lo que se busca, es experimentar el ahora y el espacio en que el sujeto se encuentra. Sólo la conexión coherente de lo que se percibe por medio de los sentidos y “los mensajes” de la mente, es lo que derivará en una realidad – muchas veces no modificable – pero superadora para el sujeto y con capacidad de disfrutar los gozos y procesar los sufrimientos, sean los que sean.
Creer lo que se viva, es poder conciliar los anhelos sin perderlos, con la experiencia de lo cotidiano. Es disminuir la distancia entre lo que se idealiza y lo que se vive. Es por último hacer que se descubran las riquezas de lo simple y lo diario, y de esa manera llevar al individuo a una tendencia hacia la realización, a la plenitud del ser.
Luego de los versos de “Los días del crepúsculo”, el autor se ve impulsado a salir de su zona de confort, en el intento de trascender a través de la palabra, en una tierra cubierta de todos los sueños y pesadillas existenciales, diferenciándose del ejército gris que transita a diario la ciudad, sin mapas, ni brújula, en busca de un paraíso perdido.
“Viento de rapsodias”, es un camino de versos, concebido para echar luz sobre la oscuridad de la lucha existencial.
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