En esta, la segunda de sus obras, con una mirada más introspectiva y existencialista, el autor nos lleva por nuevas historias con personajes renovados y motivos originales. Sin dejar de contar relatos del barrio, cotidianos, de hombres y mujeres de clase media, nos abre caminos a nuevas experiencias de lectura.
En el cuento “El adiós de Tito” nos convoca a tomar partido por alguno de esos vecinos que siempre opinan de todo, que creen saberlo todo, lo que está bien, lo que está mal… ¿Quiénes somos para opinar acerca de la relación de Tito y Esther? En otro de sus cuentos nos sorprende con un genialidad: ¡Qué bueno sería contar en nuestra vida real con una empresa como “Los Limpiamores”!, en esos momentos en donde no podemos con el dolor de la pérdida y hay que seguir igual ordenando y limpiando las cosas de quien ya no está.
El autor, desafía y sorprende con temas y conflictos nuevos, con frustraciones de protagonistas que quedaron anclados en su infancia y a pesar de los años, aún peinando canas, las viven y recuerdan año tras año como si las estuvieran viviendo. Son “esos amores” que nunca se olvidan, los que expresa en el cuento “Perdí la esperanza”. Pero, sin duda alguna, su máxima expresión y genialidad aparecen en los cuentos “No seas maricón” y “En boca cerrada”. Reflexiona y describe en ellos acerca de los mandatos familiares, culturales y sociales de una época: por un lado, el típico machito de barrio al que lo abandonó su mujer que ostenta su virilidad entre sus compañeros colectiveros; y por el otro,los secretos, los silencios y las lealtades familiares que atormentan a los hermanos protagonistas del cuento.
En esta segunda entrega, los prototipos de personajes del barrio se hacen presentes con anécdotas originales e ingeniosas: el ludópata, el distraído, el autoritario, el artista, el lindo e inteligente, el militante político, etc. Todos ellos, que nunca pasan de moda, forman parte de este novedoso libro de cuentos que nos atrapa página a página.
Laura María (Pachu) Lasala
Correctora literaria
Nació en Rosario –Santa Fe, Argentina– 1949.
Ingeniero mecánico. Escritor autodidacta desde temprana edad. Participó en muestras colectivas e individuales. Socio de S.A.D.E desde 1973, presentado por Santiago Scherini.
Luego de un interrumpido tiempo –vuelve con esta obra– a reincursionar en el mundo de las letras.
Ansiedad, soledad, ataques de pánico. La autora intenta visualizar a través de cuentos fantásticos y alegorías los problemas de salud mental propios de una vida vertiginosa en donde los sueños se quiebran, las ilusiones se rompen y las personas deben rearmarse una y otra vez para llegar al estado anhelado.
Rodrigo llega a un pueblo abandonado de la Puna Salteña. Recuerda las historias que le contaba su padre, recorre lo que queda de la estación de tren, entra a un comedor comunitario vacío, pisa la cancha de fútbol y se sienta en un banco de plaza para recibir el polvo amarillo que todavía flota en el aire. ¿Dónde están los casi cuatro mil habitantes que vivieron en La Casualidad en su época de mayor esplendor?
En su tercera novela, Margarita Girardi revive a un pueblo que fue abandonado pero no olvidado. Con una prosa exquisita, la narradora le da vida a personajes tan humanos como entrañables.
La Casualidad demuestra cómo la historia de una familia es también la historia de un país. La última dictadura militar, el conflicto fronterizo con Chile y el mundial de fútbol de 1978 son narrados desde un punto de vista nuevo y necesario.
A más de cuatro mil metros de altura, sobre el fondo de una mina de azufre, Margarita Girardi reescribe la historia argentina de las últimas décadas y construye una novela de una delicadeza conmovedora.
Sebastián García Uldry
El ser humano cuanto más intenso más vive el hecho del tiempo acotado de vida que nos es dado y cuanto más creativo más quiere vivir intensamente la vida hasta el momento de morir: alegóricamente morir de pie, tal es una muerte viva. El logro del equilibrio entre aventuras y desventuras, crisis y oasis, amores y dolores, angustias y alegrías, altibajos, escaladas y descensos. Vivir el acercamiento al abandono del cuerpo como el deshecho del traje viejo que resulta inservible, llegando al umbral del mundo espiritual habiendo vencido al miedo con todo el dolor y el gozo que se vive en la experiencia del arte, ojalá viviendo la muerte como tal. La experiencia magnífica de un dios es un abismo y hay que tener el valor de cruzarlo.
La forma poética de soneto en endecasílabos con rima consonante surgió espontáneamente en la autora, con un gran gusto por los sonetos de Borges, y durante los años 1993/94, cuando estos sonetos fueron escritos en una selección entre muchos más, ella pensaba en endecasílabos.
En un momento complejo de su vida, que algunos sonetos expresan, sintió la voluntad de usar tal forma poética casi como un chaleco de fuerza que la contuviera y le diera estructura, sanándola de una posible expansión emocional. La vivencia del verso libre era demasiado intensa en esa etapa más necesitada de una forma exterior. La estructura del soneto fue una disciplina que la autora se dio en la seriedad con que vivencia la poesía y le permitió madurar en su expresión. Después de la escritura de estos sonetos, la autora escribe en su propio ritmo interior en verso
libre y tiene mucha obra inédita en todos los géneros literarios. Se agregan dos series de sonetos, "Sonetos del Grial", tema de investigación de la autora y "Acerca de la publicación, como final del libro.
La casa del faro cuenta la historia de Julia, una mujer que supo encontrar en ella la fuerza y el valor necesarios para romper con aquellos mandatos familiares y sociales que la encadenaban a una existencia previsiblemente oscura, en una época en la cual los deseos de las mujeres estaban silenciados.
¿Si es una historia de amor? Claro que lo es. Pero es también, y por sobre todo, una historia de libertad: la maravillosa libertad que se siente cuando finalmente logramos asumir quiénes somos y salimos al encuentro de nuestro destino.
Volví al papel
Volví al papel
Quizás nunca debí haberme ido
Quizás solo era un corazón vacío
O no había algo porque volver.
Volví al papel y me gustó
Escribirte eso que quizás nunca leas
Sentir palabras que parecen nuevas
Y otras tantas que mi mente olvido.
Volví al papel porque necesitaba hacerlo
Me desbordaban las ganas de decirte
Que, aunque hayan sido días fríos y tristes
Siempre mi corazón podrás tenerlo.
Volví al papel porque siempre fue por vos
La forma indiscreta de quererte
Las ganas constantes de besarte
El sueño que alguna vez fue de los dos.
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