Quizás no tenga sentido tratar de expresar en palabras lo que uno trata de captar en una foto porque probablemente ni siquiera lo sepa. Empecé con una cámara cuando tenía pocos años y a medida que fue pasando el tiempo no la pude dejar ni ella me dejó a mí, por suerte, aunque ahora use más el teléfono que la cámara en sí misma.
También de a poco fui dejando de lado la pretensión de hacer mejores fotos para tratar de retratar que me impresionaba de alguna manera, rostros, escenas, paisajes. Muchas veces me sorprendo y no es falsa modestia, cuando veo fotografías magnificas de cosas sencillas que ponen en evidencia un talento natural de quien está detrás de la cámara y aún con esa certeza, de que seguramente no estoy entre los elegidos, me resulta muy placentero ejercer este oficio en forma totalmente vocacional, mas no sea, como en este caso para contribuir a dar a conocer que hay belleza más allá del objetivo y que hay un cachito de algo, quizás vida, quizás ganas de que aunque sea un pequeño grupo de amigos o allegados puedan sentir algo de lo que yo siento cuando veo algunas cosas.
Este es un libro básicamente de paisajes que está dedicado a dos hermosas regiones de un hermoso país poblado por hermosa gente en general muy anónima que sigue esperando su momento y que tarde o temprano lo va a tener.