¿Cuál es el primer recuerdo de tu infancia?
El hambre, profe.
En una pizzería de Monte Castro, esa respuesta reordenó el proyecto entero: el libro dejó de ser una biografía convencional para volverse una crónica literaria que sigue dos recorridos, o tal vez el mismo. El de un chico que crece con hambre en el Centenario, en Curuzú Cuatiá; y el de su profesora del bachillerato para adultos, que se sentó a entrevistarlo y descubrió que no podía escribir sobre él sin escribir también sobre sí misma.
Organizado en cuatro partes que llevan por nombre las cuatro comidas del día, el libro alterna la reconstrucción en tercera persona de la infancia de Ingo con una primera persona que investiga, viaja y audita su propia legitimidad para narrar. Porque si bien el hambre es el tema, el corazón está en una pregunta más incómoda: quién tiene derecho a poner palabras donde no había nada.
Escrita con una prosa sobria, la crónica elude los lugares comunes del género: no hay moraleja, ni víctima ejemplar, ni redención prolija. Hay una mesa a la que faltó comida durante años y sobró gente que la rodeaba, y un libro que se propuso reconstruirla con lo que otros recuerdan y lo que la autora fue a buscar. Bajo una premisa: cuando algo falta, es porque otras cosas sobran, el trabajo consiste en mostrar lo que sobra por medio de lo que falta.
Gabriela Labonia nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, cuando todavía los escritores no usaban computadoras. Pasó varios años trabajando en medios de comunicación, hasta que decidió dedicarse al estudio de las letras; entonces traducía textos en latín durante sus horas muertas en la radio. Hoy es profesora de Lengua y Literatura: hace quince años enseña a adolescentes en la escuela secundaria, y también acompaña a adultos que vuelven a la escuela para terminarla. Sin dejar las aulas, cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura (UNA), y sospecha que nunca va a parar de estudiar.