Uno ingresa a la vida y, como sea, ocupa un pupitre en el curso.
Te tocan en suerte profesores muy variados. Cursa las materias. Algunas te gustan poco, mucho, nada. Otras se cursan con asco, no sé cómo podemos “tragarlas”, pero son inevitables para completar la cursada.
Después de un largo tiempo… ¡Finalmente! Aunque un poco chamuscados, ¡pero aún así! sacamos pecho luciendo algunas cucardas logradas. Somos egresados de la vida. Solo falta que nos entreguen el diploma. Eso depende de la burocracia celestial que decida cuándo.
Dirá: “Egresado de la vida”.
Soy odontóloga retirada.
Escribo por intuición y experiencia de vida.
Participé de Guerra de Malvinas como personal de salud del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia (Estado Provincial del Chubut).
Ahora soy orgullosamente “Ama de Casa” casi un título Nobiliario para mi por sus implicancias.
Pienso: la ignorancia es la madre de todos los males.