Es un libro que no reclama estridencias ni espera absoluciones: solo ofrece verdad. Marcelo escribe desde la quietud profunda de quien ha visto el honor, la pérdida y la fe de cerca, y elige dejar constancia. No hay artificio: hay recuerdos. No hay lamento: hay pertenencia silenciosa. Y en esa sobriedad, quien lea sabrá que está ante una vida que no se explicó: se sostuvo.
Este libro es su voz. Es testimonio y legado. Es la palabra de un argentino que no renuncia a la memoria, ni a la honra, ni a la patria. Y si el lector siente que no está frente a un autor sino frente a un hombre entero, es porque Marcelo escribe no para gustar, sino para permanecer.
Sergio Marcelo Lavandeira escribe desde la emocionalidad.
Narra para honrar. En sus poemas hay patria, amor; derrota, dignidad, infancia, vejez, viento patagónico, silencios, heridas que aún respiran y una esperanza que jamás se negocia.
Escribe como quien habla bajo la luz cálida de una lámpara. Con respeto por los muertos, ternura por los vivos y sin concesiones para la mentira. Cada verso parece venir de alguien que aprendió que el tiempo no roba todo: también revela.
Comenzó a escribir en 2022 cuando descubrió en la escritura una forma de verdad, de memoria, de oración íntima y de sanación.